“Las autoridades no quieren entender el valor identitario que Tindaya tiene para la psique de los majoreros”

“La identidad es la forma concreta de estar y de relacionarse con el medio natural y con los individuos de la sociedad en que se vive”
 MARÍA DE LA CRUZ JIMÉNEZ

“Las autoridades no quieren entender el valor identitario que Tindaya tiene para la psique de los majoreros”

Sofía Menéndez 22/05/2017

La reciente visita de los Reyes a Risco Caído -el yacimiento arqueológico- de Gran Canaria ha puesto de relevancia la importancia de las montañas sagradas de los aborígenes del Archipiélago, abriendo telediarios y portadas de periódicos.

Si hay alguien en Canarias que sabe sobre el aspecto sagrado del territorio es Maricruz Jiménez Gómez, la profesora honoraria de prehistoria de la Universidad de La Laguna. Recientemente, en Fuerteventura, inauguró la conferencia del Día de la Tierra para recordar que el mundo es nuestro hogar y vincularnos con esa concepción indigenista del cuidado al Planeta. Este encuentro estuvo organizado por la Asociación cultural Raíz del Pueblo de La Oliva y el grupo ecologista Agonane- Ben Magec.

Los trabajos de esta profesora se han centrado en el mundo aborigen de El Hierro, donde ha sido inspectora insular de Patrimonio Histórico durante más de 20 años, y también en la isla del Meridiano ha desarrollado diversos proyectos de investigación, entre ellos el Ecomuseo del Poblado de Guinea, en El Golfo.

– ¿Por qué el título de su conferencia “Territorio e identidad”?

– Si entendemos el término territorio como sinónimo de medio natural, o entorno en el que vivimos los seres humanos, la primera idea que nos viene a la mente es la de nuestra identificación con el lugar donde hemos nacido o donde habitamos, y también entendemos que nuestros modos de vida, nuestras costumbres, son una respuestas a las condiciones medioambientales que nos rodean. No se puede entender la identidad fuera del contexto del territorio.

– ¿Puede profundizar más sobre la idea de identidad?

– La identidad es la forma concreta de estar y de relacionarse con el medio natural y con los individuos de la sociedad en que se vive. Es obvio que los modos de vida, la economía, las formas de relacionarnos, e incluso los ritos religiosos están íntimamente relacionados con el territorio donde se vive. Imaginemos un caso extremo: si un pueblo esquimal intentara desplazarse al Sahara e intentara vivir allí según sus costumbres, ¿sobreviviría?

– ¿Qué destacaría de la cultura de los bimbaches, los aborígenes herreños?

– Son llamados así los primeros habitantes de la isla de El Hierro. A mí me parece el ejemplo más sobrecogedor del primer poblamiento del Archipiélago. Eran oriundos del Norte de África, un territorio con características muy distantes y diferentes de las que ofrecía la Isla. Tras su llegada a la Isla no solo tienen que reconocer el territorio y su oferta para sobrevivir y crear unas nuevas costumbre adaptadas a la naturaleza insular, sino que, a diferencia de lo que ocurrió en las otras islas, fueron capaces de permanecer en la más absoluta soledad y aislamiento hasta la llegada de Jean de Bethencourt en 1402 o 1403.

– ¿Cuáles eran sus ritos y creencias?

– Las crónicas de la conquista describen que creían en dos dioses superiores, Moneiba y Eraoranhan, que vivían en el cielo y cuando se les invocaba bajaban a residir en dos peñascos en el lugar que llamaban Bentayca y, en otro dios que llamaban Aranfaybo, que habitaba en la tierra, en el lugar que al que llamaban Asteyta, en el interior de una cueva. Este dios, al que daban forma de cerdo, hacía de mediador entre los hombres y los dioses superiores y les proporcionaba la lluvia. También se conserva información sobre sus ritos, especialmente el que hacían para implorar la lluvia en época de sequía; además, tiene gran interés su versión del mito del retorno que les transmitió Yone, un adivino que les dijo que después de que él hubiera muerto y sus huesos estuvieran hechos cenizas “vendría por mar Eraoranhan para salvarles y sacarles de aquel encierro”.

– ¿Cómo fue allí la conquista?

– A diferencia de otras islas, no puede hablarse de una conquista tal como la entendemos. Como he dicho, en la mente de los bimbaches estaba la creencia de que su dios vendría para salvarles. En efecto, tal como recogieron las Crónicas de la Conquista, cuando vieron en alta mar las naves de Jean de Bethencourt acercándose hacia la Isla, interpretaron que era su dios que venía para rescatarles y llevarlos a otro lugar mejor. Por eso, no hubo enfrentamientos belicosos, salieron a la playa a bailar y cantar recibiéndole con todos los honores y poniendo su destino en sus manos. La verdadera estrategia de conquista se desplegó en la mente de los isleños, implantado los ritos y creencias cristianos. No deja de ser curiosa la sutileza con que se llevó esto a cabo, pero también con violencia enmascarada. Si se observa que la primera ermita cristiana, -dedicada a Santiago-, fue construida dentro de la Cueva de Asteheyta, precisamente donde residía el Arafaybo; esta elección no se explica de ninguna manera, si se tiene en cuenta la gran disponibilidad de terreno del que se disponía para levantar ese templo.

– ¿Cree que el pueblo herreño permitiría que un artista famoso como Agustín Ibarrola pintara su árbol sagrado, El Garoe?

– Evidentemente no. Uno de los pocos aspectos positivos del doble aislamiento y abandono que El Hierro ha padecido a lo largo de la historia por parte de los sucesivos gobiernos de la nación, es precisamente el reforzamiento material y psíquico que ha nutrido su identidad, y El Garoé es emblemático como se aprecia en el escudo de la Isla.

– ¿Qué piensa de que las autoridades en Fuerteventura estén empeñadas en llevar a cabo el proyecto Chillida en Tindaya, la montaña sagrada de los Majos?

– Creo que no entienden, o no quieren entender, el valor identitario que esta montaña sagrada tiene para la psique de los majoreros. Pero, además de esa interesada falta de entendimiento, quizás también por su pobreza cultural, el proyecto de Chillida ha sido una “mina” en la que cada año se obtienen sustanciosas cantidades de dinero a cargo del presupuesto de la Comunidad Canaria, de los impuestos con los que todos contribuimos para tener una vida mejor y, curiosamente, para llevar a cabo un proyecto frente al que tantísimos canarios, no solo no compartimos, sino que nos negamos a que se materialice.

– ¿Cree necesario volver a instaurar el vínculo espiritual con la Tierra?

– Yo no diría volver a instaurar porque eso significaría que ya no existe. Yo creo lo contrario, ese vínculo es imborrable porque los seres vivos (incluyendo a los humanos) somos materia y espíritu, incluida la Tierra. Lo que sí creo es que ese vínculo espiritual con la Tierra está soterrado en las profundidades del inconsciente de la gente a causa del bombardeo del materialismo que caracteriza los modos de vida a los que nos están avocando las políticas gubernamentales, y la macroeconomía en general. Está desapareciendo todo lo individual, nos están dirigiendo hacia un modo de vivir propio de un ganado más que de una sociedad compuesta por humanos, con comportamientos estereotipados y diseñados previamente para que nos fijemos más en el valor de la apariencia que en el sentido interno que tiene cualquier cosa que hagamos o vivamos.

diariodefuerteventura.es

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